foto: Manuel Alejandro Gil

Rabo de nube en Tamarindo

Lilian Sabina Roque | 30/MAR/2013

Concierto de Silvio por los barrios, esta vez con Isaac Delgado

Si me dijeran pide un deseo,
yo pediría un rabo de nube…

Como parte de la gira de Silvio Rodríguez por los barrios, ayer —viernes santo, por cierto— fue bendecido el capitalino barrio de Tamarindo, en 10 de Octubre, con el sortilegio de una música que cala hasta los huesos y nos devuelve la fe, reafirmando una vez más que a través del arte puede cambiarse el mundo.

La acogida entrañable de las canciones del autor de “Unicornio” es algo que sorprende siempre, ha ocurrido en otros barrios donde se ha presentado, pero siempre fascina ver a niños, jóvenes, adultos… corear sus temas emocionados, buscando un espacio entre la multitud para acercarse a ese hacedor de sueños que viene a cambiarles el día, a hacer volar su imaginación, a no abandonarlos nunca más; porque esa tarde-noche dejará huellas, tendrá un lugar especial en sus vidas.

El encuentro lo abrió Isaac Delgado con su canción “Necesito una amiga” de Giraldo Piloto, luego interpretó una del propio Silvio “Quién fuera”, para luego darle protagonismo a La Habana, al orgullo de ser cubano, ese que se acrecienta cuando se está lejos “de la casa y el árbol”. Así se escuchó “El solar de la California”, tema en coautoría con Juan Formell, que integra su álbum Malecón y “Cubano” —estreno mundial— de Wanchy, un cubano que reside desde hace 14 años en Puerto Rico. “Cubano” formará parte de un disco en preparación y será interpretado junto a los Van Van.


Los aplausos al “Chévere de la salsa” le daban la bienvenida a Cuba de su pueblo, que nunca dejó de escucharlo ni de reverenciar su música, esa que ahora saltó barreras y emergió limpia de mezquindades y burocracias para devolvernos a un cubano auténtico y, con él, la esperanza de ver derribadas de una vez y por todas las fronteras políticas en la música.

Y el público acogió al anfitrión del concierto con infinita gratitud por ese gesto generosidad y grandeza, y pasaron a vibrar con sus temas de siempre: “Historia de las sillas”, “Cita con Ángeles”, “Rabo de Nube”, “El Mayor”, “Te doy una canción”, “Escaramujo”, “El reparador de sueños”, especial regalo para los niños que, de manera sorprendente, también coreaban sus canciones; “La era”, la cuatrilogía de mujer con sombrero, “Unicornio”, “Ojalá”, “En mi calle”, “Oh, Melancolía”, para cerrar con “Hoy mi deber era”, un canto a la inspiración.

Los talentosos músicos que compartieron con Silvio aportaron su maestría y entrega. Gracias por esa velada memorable a Jorge Aragón Brito (piano), Jorge Reyes (bajo) y a Oliver Valdés (batería), también a Roberto Carlos “Cucurucho” (pianista de la Orquesta de Juan Formell) que acompañó a Isaac.

Y la mejor gratitud que puede llevarse Silvio es la certeza de que su público ama sus canciones, se estremece con su música y sabe apreciar sus pequeños grandes gestos de nobleza y altruismo.

Y el deseo de Silvio se cumplió, yo no sé si fue un rabo de nube, pero lo que pasó por Tamarindo se llevó todo lo feo, barrió la tristeza y nos dejó la esperanza.

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